Carta del distrito - Editorial T. C. nº 254

Todos somos hijos de Dios


           Coincidiendo con la solemnidad de la Epifanía del Señor, el Apostolado de la Oración lanzó un proyecto denominado “El vídeo del Papa”, con el que cada mes nos da a conocer las intenciones de oración del Papa.

          Francisco ofreció la meditación sobre su intención para el primer mes de 2016: «Que el diálogo sincero entre hombres y mujeres de diversas religiones, conlleve frutos de paz y justicia». La grabación, de un minuto y medio de duración, cuenta con una cuidada puesta en escena y muestra a Francisco sentado frente a un escritorio y hablando directamente al espectador mientras sostiene un folio entre sus manos. Habla a la cámara en español, aunque el vídeo ha sido subtitulado en otros idiomas para que cumpla con su objetivo esencial: llegar al mayor número de personas a través de internet.


        Su mensaje es el siguiente: «La mayor parte de los habitantes del planeta se declaran creyentes, esto debería provocar un diálogo entre las religiones. Sólo  con el diálogo, eliminaremos la intolerancia y la discriminación. El diálogo interreligioso es una condición necesaria para la paz en el mundo. No debemos dejar de orar por él y colaborar con quienes piensan distinto. ¿Querés proponer algo? Confío en vos para difundir mi petición de este mes: Que el diálogo sincero entre hombres y mujeres de diversas religiones, conlleve frutos de paz y justicia. Muchos piensan distinto, sienten distinto. Buscan a Dios o encuentran a Dios de diversa manera. Incluso algunos se dicen agnósticos, que no saben si existe Dios o no. Y otros, se declaran ateos. En esta multitud, en este abanico de religiones y de ausencia de religiones hay una sola certeza que tenemos para todo: Todos somos hijos de Dios».

        Y mientras el Papa va leyendo el mensaje, aparece una señora que dice “confío en Buda”, seguido de un judío que dice “creo en Dios”, un sacerdote católico que dice “creo en Jesucristo” y un musulmán que afirma “creo en Dios, Alá”. Luego, vuelven a aparecer la budista, el musulmán, el católico y el judío, repitiendo los cuatro: “creo en el amor”. Al final, la budista, el católico, el musulmán y el judío muestran entre sus manos una figura de Buda, un Niño Jesús, un masbaha y una
menorá.


      Budistas, católicos, musulmanes y judíos se muestran al mismo nivel, audiovi sualmente hablando. Al mismo ritmo, con el mismo tiempo y en el mismo plano. Ninguno prevalece sobre los demás.


      ¿Es ése el pensamiento de la Iglesia? Pío IX decía: «Es menester recordar y reprender nuevamente el gravísimo error en que míseramente se hallan algunos católicos, al opinar que hombres que viven en el error y ajenos a la verdadera fe y a la unidad católica pueden llegar a la eterna salvación. Lo que ciertamente se opone en sumo grado a la doctrina católica». (Encíclica Quanto conficiamur moerore, 10 de agosto de l863).

       ¿Se equivocaba Pío XI al afirmar lo siguiente?: «Tales tentativas [encuentros entre católicos y no católicos sin ánimo de convertir a nadie] no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas
en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio. Cuantos sustentan esta opinión, no solo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios». (Encíclica Mortalium Animos, 6 de enero de 1928).


        Pero los argumentos de estos papas parecen letra muerta, como si aquello fue se bueno para esa época anterior. Y es que el Concilio Vaticano II ha supuesto realmente un cambio de rumbo. Las religiones serían distintas maneras de expresión hacia un Dios, que es el mismo para todos. Rezarle a Buda o al Dios verdadero poco importa. Dirigirse a Alá es tan válido y efectivo como rezarle a Jesucristo, hecho hombre y muerto en la Cruz para salvarnos. Los judíos rechazaron a Cristo como Mesías, pero ése no parece ser tampoco el problema. Lo que cuenta es la paz, que está por encima de Cristo y de su santa Iglesia. Todas las almas se salvan porque todos somos hijos de Dios, lo queramos o no, estemos bautizados o no. Cristo no es necesario, los hombres pueden vivir sin recurrir a Él. Esa es la impresión que nos queda.


        Y lo más grave y escandaloso es que este mensaje nos lo da el Vicario de Cristo, su representante en la tierra, cuya misión es defender los derechos de Nuestro Señor Jesucristo. ¿Qué mayor confusión cabe? El Papa vulgariza, pone al alcance
de todos, el encuentro ecuménico de Asís. Y nosotros, con dolor, tenemos que decir que este vídeo, con su contenido y su mensaje, no puede ser aceptado por un católico. Esa es la triste realidad.