Carta del distrito - Editorial T. C. nº 253

Jubileo extraordinario de la misericordia.

El pasado 1 de septiembre, el papa Francisco escribía a Mons. Fisichella, Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, con motivo del jubileo extraordinario sobre la misericordia que, empezando el 8 de diciembre, acabará el próximo 26 de noviembre. La carta contiene indicaciones específicas sobre el perdón de pecados graves como el aborto -dando facultad a cualquier sacerdote para absolverlo-, y trata de las indulgencias plenarias, de las obras de misericordia y otros temas de interés. Al final del documento, contra toda expectación, se vuelve hacia la Hermandad de San Pío X:

«Una última consideración se dirige a los fieles que por diversos motivos frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Hermandad de San Pío X. Este Año jubilar de la Misericordia no excluye a nadie. Desde diversos lugares, algunos hermanos obispos me han hablado de su buena fe y práctica sacramental, unida, sin embargo, a la dificultad de vivir una condición pastoralmente difícil. Confío que en el futuro próximo se puedan encontrar soluciones para recuperar la plena comunión con los sacerdotes y los superiores de la Hermandad. Al mismo tiempo, movido por la exigencia de corresponder al bien de estos fieles, por una disposición mía establezco que quienes durante el Año Santo de la Misericordia se acerquen a los sacerdotes de la Hermandad de San Pío X para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados».

Al leer este texto se nos presentan varias reflexiones:

1.- Los sacerdotes de la Hermandad de San Pío X nunca han tenido la menor duda acerca de la validez de las absoluciones (ni de los matrimonios) que han administrado desde el inicio de la Congregación. Todas han sido perfectamente válidas y lícitas, a causa de la crisis dramática que atraviesa la Iglesia en estos últimos tiempos tras el Concilio. Los fieles que piden a los sacerdotes de la Hermandad escucharlos en confesión o recibir el sacramento del matrimonio pueden estar tranquilos, pues han obtenido el perdón de sus pecados y su unión ha sido bendecida ante Dios y la Iglesia. ¡Cuántas personas vienen a confesarse con nosotros porque dudan del valor del sacramento recibido por sacerdotes modernos que, o no creen en el pecado, o no aconsejan como es debido, recordando las obligaciones que un católico tiene que cumplir para vivir en estado de gracia.

Según el Código de Derecho Canónico de 1917, canon 213, «los seglares tiene derecho a recibir del clero, conforme a las reglas de disciplina eclesiástica, los bienes espirituales y especialmente la ayuda necesaria para la salvación». Cuando un sacerdote no tiene la jurisdicción ordinaria concedida por el Ordinario del lugar, como es el caso de la Hermandad, en orden al bien sobrenatural de las almas, la Iglesia suple la ausencia de jurisdicción canónica, mejor aún, la Iglesia concede la jurisdicción necesaria para la eficacia del acto sacramental en beneficio de las almas. Esto se aplica no sólo a las confesiones sino también a los matrimonios, en razón de los peligros para la Fe y para la moral en el ambiente del modernismo, que suponen un prejuicio espiritual notable para los fieles.

2.- Entendemos que este documento del papa puede beneficiar a aquellas personas que aún tienen demasiadas inquietudes con relación a la Hermandad de San Pío X. Para muchos católicos "conservadores", o de la línea "Ecclesia Dei", la doctrina predicada por los sacerdotes es impecable, pero a la hora de venir a nuestras capillas se sienten invadidos por cierto temor: ¿están o no están dentro de la Iglesia? Este gesto del papa podrá tranquilizar a dichas conciencias, permitiéndoles recibir la misericordia divina sin ningún escrúpulo.

3.- Cuando finalice el jubileo, con jurisdicción ordinaria o sin ella, no habrá ninguna variación en la Hermandad. Continuaremos ejerciendo nuestro ministerio como hasta ahora, porque «la salvación de las almas es la ley suprema de la Iglesia». Somos católicos, sin ningún complejo, y a pesar de que se nos trate de cismáticos o excomulgados, de desobedientes o "sin papeles", tenemos conciencia de estar prestando el mejor servicio posible a una Iglesia que en estos momentos se ve atacada como nunca por sus enemigos.

4.- Con respecto a la frase: «Confío que en el futuro próximo se puedan encontrar soluciones para recuperar la plena comunión con los sacerdotes y los superiores de la Fraternidad», precisamente en este punto nuestro Superior General, Mons. Bernard Fellay, nos recuerda la necesidad de mantener una gran vigilancia y una gran confianza.

Vigilancia porque no hablamos el mismo lenguaje que Roma, no pensamos lo mismo sobre puntos esenciales de nuestra fe, no compartimos las prácticas actuales en muchas de sus manifestaciones. Si rechazamos la Nueva Misa y el Concilio Vaticano II es por motivos de fe. Ecumenismo y libertad religiosa no son aceptables por un católico. Todo ello es contrario a las palabras de Nuestro Señor: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado se salvará, mas el que no creyere se condenará» (Mc 16, 15-16). Los sacerdotes y los superiores de la Hermandad tienen una línea de acción que no cambiará; es Roma la que tiene que cambiar, aceptando la Tradición con todos sus derechos.

Al mismo tiempo, confianza porque esperamos que Dios, que ha suscitado a la Hermandad, nos ayudará a continuar atravesando las tempestades que se presenten en esta crisis sin precedentes, y que no parece vaya a terminar pronto.

Aprovechamos también este número de "Tradición Católica" para destacar la santidad de Santa Teresa de Jesús, de quien celebramos este año el Vº centenario de su nacimiento. A ella, que promovió la reforma del Carmen por la laxitud en la que había caído, y que rezó e hizo rezar en sus monasterios contra los errores del protestantismo, le pedimos que nos ayude a permanecer fieles del protestantismo, le pedimos que nos ayude a permanecer fieles a la fe que ella profesó y por la que murió: «Muero hija de la Iglesia».