Uso del velo en la iglesia

Mayo 27, 2019
Origen: District of Spain and Portugal

Uso del Velo


Durante 2000 años, las mujeres católicas han cubierto su cabeza con un velo antes de entrar a una Iglesia o siempre que estuvieran en presencia del Santísimo Sacramento (por ejemplo, durante las visitas a enfermos con la Sagrada Eucaristía). El Código de Derecho Canónico de 1917, en el canon 1262, obligaba a las mujeres a cubrir sus cabezas «especialmente cuando se aproximan a la mesa sagrada».
Durante el Concilio Vaticano II, los periodistas preguntaron al entonces P. Bugnini si las mujeres deberían seguir cubriendo sus cabezas. Él respondió que ese tema no había sido discutido. Los periodistas asumieron su respuesta como un “no”, publicando esta información errónea en los diferentes periódicos alrededor del mundo. Desde entonces, la mayoría de las mujeres católicas abandonaron la tradición.
Después de muchos años de repudio al velo, en especial por parte de las mujeres, el Vaticano, no queriendo ser antagónico o contrariar a las feministas, simplemente pretendió que el tema no existía. Es más, cuando se compuso el Código de Derecho Canónico de 1983, el uso del velo directamente no se mencionó (obsérvese que no se abrogó, sino simplemente no se mencionó). De todas formas, los cánones 20 y 21 del Código de Derecho Canónico de 1983 dejan en claro que una ley canónica posterior abroga una ley canónica precedente únicamente cuando lo hace explícitamente y que, en caso de duda, la revocación de la ley precedente no debe ser asumida. Por lo tanto, de acuerdo al Código de Derecho Canónico y a una costumbre inmemorial, las mujeres tienen la obligación, aun hoy en día, de cubrir sus cabezas en presencia del Santísimo Sacramento.
El uso del velo en el cristianismo es sumamente importante y no un tema que le concierne “sólo” al Código de Derecho Canónico, sino a dos milenios de Tradición de la Iglesia, extendiéndose al Antiguo Testamento y a exhortaciones en el Nuevo Testamento. Al respecto, San Pablo escribió:


1 Corintios 11, 1-16
«Sed imitadores míos, como también yo lo soy de Cristo. Os alabo porque en todo os acordáis de mí y guardáis las tradiciones con firmeza, tal como yo os las entregué. Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios. Todo hombre que cubre su cabeza mientras ora o profetiza, deshonra su cabeza. Pero toda mujer que tiene la cabeza descubierta mientras ora o profetiza, deshonra su cabeza; porque se hace una con la que está rapada. Porque si la mujer no se cubre la cabeza, que también se corte el cabello; pero si es deshonroso para la mujer cortarse el cabello, o raparse, que se cubra. Pues el hombre no debe cubrirse la cabeza, ya que él es la imagen y gloria de Dios; pero la  mujer es la gloria del hombre. Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre; pues en verdad el hombre no fue creado a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre. Por tanto, la mujer debe tener un símbolo de autoridad sobre la cabeza, por causa de los ángeles. Sin embargo, en el Señor, ni la mujer es independiente del hombre, ni el hombre independiente de la mujer. Porque así como la mujer procede del hombre, también el hombre nace de la mujer; y todas las cosas proceden de Dios. Juzgad vosotros mismos: ¿es propio que la mujer ore a Dios con la cabeza descubierta? ¿No os enseña la misma naturaleza que si el hombre tiene el cabello largo le es deshonra, pero que si la mujer tiene el cabello largo le es una gloria? Pues a ella el cabello le es dado por velo. Pero si alguno parece ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni la tienen las iglesias de Dios».


De acuerdo a la enseñanza de San Pablo, las mujeres deben usar el velo como signo de que la gloria de Dios, no la propia, es el centro del culto. También como signo externo del reconocimiento, y sumisión, de la autoridad, tanto de Dios como de los esposos (o los padres, de acuerdo al caso), y del respeto a la presencia de los Santos Ángeles en la Divina Liturgia. En el uso del velo se refleja el orden divino invisible y lo hace visible. San Pablo presenta esto claramente como una ordenanza, ya que es la práctica de todas las iglesias.
Si se lee detalladamente este pasaje de la Biblia, podrá notarse que San Pablo nunca se sintió intimidado al romper tabúes innecesarios. Fue Él quien enfatizó, una y otra vez, que la circuncisión y que la Ley Mosaica en su totalidad no eran necesarios, ¡dirigiéndose a los cristianos hebreos! La tradición y las ordenanzas sobre el uso del velo son asuntos en los cuales San Pablo no estaba influenciado por su cultura. El velo es un símbolo tan relevante como la sotana del sacerdote y el hábito de la religiosa.
Obsérvese también, que San Pablo no se comporta, de ninguna manera, como un “misógino”. Él asegura que, mientras la mujer está hecha para la gloria del hombre al igual que el hombre está hecho para la gloria de Dios, «en el Señor, ni la mujer es independiente del hombre, ni el hombre independiente de la mujer. Porque así como la mujer procede del hombre, también el hombre nace de la mujer; y todas las cosas proceden de Dios». Los hombres necesitan de las mujeres; las mujeres necesitan de los hombres. Pero poseen diferentes roles, iguales en dignidad, y todos para la gloria de Dios (¡y, por supuesto, con un trato absolutamente equitativo en cuestiones de caridad!). El velo es un signo del reconocimiento de estas diferencias entre unos y otros.
El velo es, también, un signo de modestia y castidad. En los tiempos del Antiguo Testamento, descubrir la cabeza de una mujer era visto como una forma de humillarla, o de castigar a las mujeres adúlteras y a las que transgredían la Ley (por ej. Núm. 5, 12-18; Is. 3, 16-17; Cantares 5, 7). Una mujer hebrea nunca hubiera ni siquiera soñado con entrar al Templo (o más tarde, la sinagoga) sin cubrirse la cabeza. Esta práctica, simplemente, continuó en la Iglesia Católica.

Aquello que se cubre con velo es Sagrado


Obsérvese lo que San Pablo dice: «pero que si la mujer tiene el cabello largo le es una gloria. Pues a ella el cabello le es dado por velo». Las mujeres no usan velo por un cierto sentido “primordial” de vergüenza femenina; lo que cubren es su gloria, de tal manera que, en cambio, sea Él glorificado. Se cubren con un velo porque son sagradas, y porque la belleza femenina es increíblemente poderosa. Y para mayor credibilidad, obsérvese cómo la imagen de la mujer es usada para vender cualquier cosa, desde champú hasta autos usados. Las mujeres necesitan entender el poder de la femineidad y actuar acorde a ello, siguiendo las reglas de la modestia en el vestir, incluyendo el uso del velo.
Mediante la renuncia de su gloria a la autoridad de sus maridos y de Dios, las mujeres se someten a ellos de la misma manera que la Santísima Virgen se sometió al Espíritu Santo («que se haga en mí según Tu palabra»); el velo es un signo tan poderoso –y hermoso– como lo es cuando un hombre se pone de rodillas para pedir a su novia que se case con él.
Ahora, considérese qué otra cosa estaba cubierta con velo en el Antiguo Testamento: ¡el Santo de los Santos!


Hebreos 9, 1-8
«Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y el santuario terrenal. Porque había un tabernáculo preparado en la parte anterior, en el cual estaban el candelabro, la mesa y los panes consagrados; éste se llama el Lugar Santo. Y detrás del segundo velo había un tabernáculo llamado el Santo de los Santos, el cual tenía el altar de oro del incienso y el Arca de la Alianza cubierta toda de oro, en la cual había una urna de oro que contenía el maná y la vara de Aarón que retoñó y las tablas del pacto; y sobre ella estaban los querubines de gloria que daban sombra al propiciatorio; pero de estas cosas no se puede hablar ahora en detalle. Así preparadas estas cosas, los sacerdotes entran continuamente al primer tabernáculo para oficiar en el culto; pero en el segundo, sólo entra el sumo sacerdote una vez al año, no sin llevar sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados del pueblo cometidos en ignorancia. Queriendo el Espíritu Santo dar a entender esto: que el camino al Santo de los Santos aún no había sido revelado en tanto que el primer tabernáculo permaneciera en pie».


El Arca de la Antigua Alianza era conservada detrás del velo del Santo de los Santos. Y en la Misa, ¿qué es lo que se conserva cubierto con un velo hasta el Ofertorio? El Cáliz, el recipiente que contiene la Preciosísima Sangre. Y, entre Misas, ¿qué es lo que se encuentra cubierto con un velo? El Copón en el Sagrario, el recipiente que contiene el mismo Cuerpo de Cristo. Estos recipientes de vida están cubiertos por un velo porque son sagrados.
¿Y a quién se ve cubierta siempre con un velo? ¿Quién es la Santísima, el Arca de la Nueva Alianza, el Vaso de la Verdadera Vida? Nuestra Señora, la Santísima Virgen María, y, al usar el velo, las mujeres la imitan y se afirman como mujeres, como vasos de vida.

Este solo acto, superficialmente pequeño,  de cubrirse la cabeza con un velo es:

  • Riquísimo en simbolismo: de sumisión a la autoridad; de entrega a Dios; de imitación a Nuestra Señora que expresó su “fiat”; de cubrir la gloria propia por la gloria de Dios; de modestia; de castidad; de vasos de vida, como el Cáliz, el Copón y, especialmente, la Santísima Virgen María.
  • Una ordenanza apostólica –con profundas raíces en el Antiguo Testamento– y, por lo tanto, un asunto de intrínseca Tradición.
  • La forma en que las mujeres católicas han rendido culto durante dos milenios (y, aun cuando no sea una cuestión de la Sagrada Tradición en un sentido intrínseco, es, al menos, una cuestión de tradición eclesial, que debería también ser conservada). Es nuestra herencia, una parte de la cultura católica.

Mujeres, cúbranse la cabeza, aun si están visitando una Parroquia en donde no se use velo y sean la única mujer que lo haga. Permanezcan fieles a la Tradición, a la Escritura, con su propio deseo de entrega a Dios.
No teman… y caritativamente animen a otras mujeres a hacer lo mismo, enseñándoles lo que el velo significa.