Una nueva concepción del matrimonio

Febrero 28, 2019
Origen: District of Spain and Portugal

Desde hace casi sesenta años, ha surgido dentro de la Iglesia misma una nueva concepción del sacramento del matrimonio. ¿Se trata de una evolución homogénea de la doctrina católica o, por el contrario, de una ruptura con la enseñanza perenne de la Iglesia? Tres puntos llaman especialmente la atención.

La inversión de los fines del matrimonio

En el Concilio Vaticano II, el matrimonio se define en dos ocasiones como una "comunidad de amor" (Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 7 de diciembre de 1965, n°47 y n° 48.) . Esta afirmación no es falsa, pero abre la puerta a una visión personalista del matrimonio según la cual el amor de los esposos tiene prioridad sobre la procreación. Durante una de sus intervenciones en el Concilio, registrada el 9 de septiembre de 1965, Monseñor Lefebvre señaló: "El capítulo del matrimonio presenta al amor conyugal como el elemento primario del matrimonio, del cual procede el elemento secundario, la procreación; a lo largo del capítulo, el amor conyugal y el matrimonio se han identificado como una sola cosa. Esto va en contra de la doctrina tradicional de la Iglesia y, de ser admitida esta afirmación, conllevaría las peores consecuencias, porque entonces se podría decir con verdad: '¡si no hay amor conyugal, no hay matrimonio!' Sin embargo, ¡cuántos matrimonios hay sin amor conyugal! Y no por eso dejan de ser verdaderos matrimonios" (Monseñor Marcel Lefebvre, Yo Acuso al Concilio)

El Concilio se abstuvo de recordar que la procreación es el fin primario del matrimonio. Simplemente se contentó con decir: "el matrimonio y el amor conyugal están ordenados por su propia naturaleza a la procreación y a la educación de la prole (...) sin subestimar los otros fines del matrimonio". El verbo posthabere, traducido en este caso como subestimar, significa poner en segundo plano. Siguiendo este mismo espíritu, el Código de Derecho Canónico de 1983 escribe en el canon 1055 que el matrimonio está ordenado "al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole". El Código de 1917 establecía claramente lo contrario en el canon 1013: "El fin primario del matrimonio es la procreación y la educación de los hijos; el fin secundario es la ayuda mutua y el remedio a la concupiscencia". El canónigo Roger Paralieu, comentarista oficial del nuevo Código, lo explica así: "Esto supone un cambio radical en la doctrina enseñada hasta antes de Vaticano II, donde existía una jerarquía establecida de los fines del matrimonio. El Concilio se rehusó a establecer esta misma jerarquía; el texto del Código es la consecuencia de esta postura conciliar" (Roger Paralieu, Guide pratique du Code de droit canonique, éditions Tardy, 1985, p. 316)

Se podría pensar que sólo se trata de un debate teórico, sin ninguna implicación práctica, pero es mucho lo que está en juego. En 1968, el Papa Pablo VI condenó valientemente la anticoncepción. Casi inmediatamente, episcopados enteros rechazaron esta condena, aduciendo entre los esposos la necesaria "expresión física de su amor" (Nota pastoral de los obispos de Francia, 8 de noviembre de 1968). En consecuencia, las conferencias episcopales de Estados Unidos, de Francia y de Alemania se opusieron públicamente a Pablo VI e invitaron a los esposos a seguir lo que su conciencia les dictara. Y para justificar su postura, no dudaron en citar la Constitución pastoral Gaudium et Spes n° 51. He aquí una consecuencia directa de la inversión de los fines del matrimonio.

Un peligro para la fe

Lamentablemente, el Papa Pablo VI marcó el derecho matrimonial a través del Motu Proprio Matrimonia mixta del 31 de marzo de 1970. Recordemos que la Iglesia siempre ha prohibido a sus fieles casarse con personas no católicas. En ocasiones sucedía que las autoridades concedían una dispensa, pero bajo condiciones muy precisas: la Iglesia exigía que la parte no católica garantizara que no habría ningún peligro de perversión hacia el cónyuge católico. También exigía que los dos cónyuges aseguraran por escrito que bautizarían a todos sus hijos y les proporcionarían una educación católica únicamente (CIC 1017 canon 1061). La Iglesia agregaba en el siguiente canon que el cónyuge católico tenía la obligación de trabajar prudentemente por la conversión del cónyuge no católico.

Por desgracia, el Papa puso fin a estas sabias medidas. Desde 1970, el cónyuge no católico ya no tiene que comprometerse a nada. Pablo VI se conformó con escribir: "La parte no católica será informada en el momento oportuno acerca de las promesas a las que está obligado el cónyuge católico". Esta reforma fue integrada en el nuevo Código de 1983, en el canon 1125, poniendo en grave peligro la fe del cónyuge católico, así como la de los futuros hijos. Por tanto, se trata de una reforma contraria a la ley divina e inaceptable. Es por esto que la Fraternidad San Pío X, a ejemplo de su fundador, siempre la ha rechazado, y sigue únicamente los sabios cánones del Código de 1917 sobre este tema.

La indisolubilidad del matrimonio atacada

El 8 de septiembre de 2015, a través del Motu Proprio Mitis Judex, el Papa Francisco reformó a fondo el Derecho canónico con respecto a los casos de nulidad matrimonial. Al simplificar y acelerar el proceso, el Papa hizo añicos todos los diques que protegían la indisolubilidad del matrimonio. Como escribió Monseñor Bernard Fellay el 15 de septiembre de 2015, cuando todavía ocupaba el cargo de Superior General de la Fraternidad San Pío X, en su Súplica al Santo Padre: "las recientes disposiciones canónicas del Motu Proprio que permiten declaraciones de nulidad aceleradas, abrirán de facto las puertas a un proceso de "divorcio católico" sin llevar el nombre de tal."

Por otra parte, el 19 de marzo de 2016, el Papa Francisco publicó la exhortación apostólica Amoris laetitia. La cuestión de los divorciados "vueltos a casar" es abordada en el capítulo 8. En el párrafo 305, el Papa explica que algunos divorciados "vueltos a casar", mientras cohabitan en su unión meramente civil, pueden vivir en estado de gracia. Por tanto, pueden beneficiarse de la ayuda de la Iglesia. Y añade en la nota 351: "En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos. Por eso, a los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas, sino el lugar de la misericordia del Señor. La Eucaristía no es un premio para los perfectos, sino un remedio generoso y un alimento para los débiles." En otras palabras, en ciertos casos, los divorciados que se han "vuelto a casar" únicamente por lo civil y que viven siendo infieles a sus verdaderos cónyuges, en situación de adulterio, pueden recibir la santa Eucaristía. Esta doctrina es totalmente contraria a la ley divina y a la enseñanza constante de la Iglesia; por lo tanto, no puede ser admitida.

Conclusión

La concepción modernista del matrimonio se aleja de la concepción católica del mismo, tal y como es expuesta por el Magisterio de la Iglesia, y especialmente por el Papa San Pío X en 1930 en la encíclica Casti connubii. Por tanto, es importante que todos los católicos permanezcan fieles a la enseñanza tradicional de la Iglesia en este tema, y rechacen firmemente estas novedades contrarias a la ley divina. Lo que está en juego aquí es la salvación de la familia católica y, por consiguiente, de toda la sociedad.