Fiesta de San Pío X, Patrono de la Fraternidad San Pío X - 3 de septiembre

Septiembre 03, 2019
Origen: fsspx.news

Hoy más que nunca, la Iglesia encuentra en San Pío X, que ejerció su pontificado de 1903 a 1914, un verdadero santo del papado, un modelo y un guía. 

A través de San Pío X, Papa de 1903 a 1914, Pío XII quiso dar como ejemplo a toda la Iglesia la santidad de un Papa, una "santidad completamente papal" [1] capaz de guiar a las ovejas en tiempos difíciles. En el informe de beatificación (3 de junio de 1951), Pío XII enumera los principales rasgos dignos de la atención y admiración de todos:

1. La preocupación por la santidad del clero, clave esencial para renovar todas las cosas en Cristo, de acuerdo con su sublime lema [2]. Pío X quería un clero que se distinguiera por su piedad, su obediencia y su sabiduría.

2. La renovación de los estudios eclesiásticos. Pío X exhortó a los filósofos cristianos a defender la verdad bajo la bandera de Santo Tomás de Aquino. Fundó el Pontificio Instituto Bíblico en Roma, fomentó las ciencias teológicas, una exégesis inspirada y una cuidadosa predicación del clero.

3. La preocupación por la salvación eterna de las almas. Pío X quería un clero santo para la instrucción de los fieles, a quienes proporcionó un catecismo, destinado tanto a adultos como a niños. Con respecto a los niños, el Papa Pío X será siempre el Papa de la Eucaristía, pues promovió la comunión a una edad temprana, pero también, y para todos, la comunión frecuente e incluso diaria.

4. La defensa de la fe íntegra y pura. Las falsas doctrinas que renovaron todos los errores fueron desenmascaradas bajo el nombre de modernismo, y sabiamente reprimidas (encíclica Pascendi, 8 de septiembre de 1907). En estas circunstancias, como en su lucha contra las leyes anticlericales y la separación secular de los estados, San Pío X fue, según el Pastor Angélico, un "maestro infalible de la fe", el "intrépido vengador de la religión" y el "guardián de la libertad de la Iglesia".

5. El amor a la liturgia. Iniciador de un auténtico movimiento litúrgico, Pío X renovó la música sacra, pero también el Breviario, el calendario de las fiestas para orientar resueltamente a la Iglesia hacia una vida litúrgica impregnada de piedad tradicional, gracia sacramental y belleza inspirada. [3].

Tales son las principales características de la santidad de Pío X, santidad de un gobierno lleno de grandeza y riquezas sobrenaturales que constituyen el tesoro de la Iglesia. Pío XII también menciona el trabajo de reforma realizado en la Curia Romana, en las escuelas y parroquias, la labor formidable de reunir en un solo cuerpo, adaptado a las condiciones de la sociedad, las leyes de la Iglesia hasta ese momento dispersas (Código de Derecho Canónico, promulgado en 1917). Sin olvidar el interés hacia las misiones evangelizadoras e incluso los llamamientos a la unión hechos a los "orientales separados".

Pío XII canonizó esta santidad pontificia con un propósito muy específico: "disponer a los espíritus para enfrentar nuestras propias luchas y asegurar nuestras victorias y las de las generaciones futuras" [4]. Proclamado "santo y guía de los hombres de hoy" y "apóstol de la vida interior", San Pío X se presenta como un "ejemplo providencial para el mundo moderno en el que la sociedad terrenal, transformada cada vez más en una especie de enigma para sí misma, ¡busca ansiosamente una solución para recuperar su alma! Que sea, por lo tanto, un modelo para la Iglesia reunida alrededor de sus altares" [5]. Porque este Papa "despertó en todas partes un inmenso movimiento de retorno a los esplendores de la música y la liturgia sagrada, y desterró la fealdad del santo templo de Dios" [6].

Hoy más que nunca, como hace 65 años, la Iglesia encuentra en San Pío X, un verdadero santo del papado, un modelo y un guía

Para el clero, a fin de que pueda recuperar el sentido de su dignidad eminente y su vocación de ser ante todo hombres de Dios, dedicados a su adoración y alabanza. Los ritos sacrosantos de la liturgia constituyen ante todo un culto público ofrecido a la Majestad divina, el acto mismo del sacrificio ofrecido por el único Salvador de los hombres. No se trata de una cena más o menos protestante, sin grandeza alguna ni sacerdocio claramente definido. Se trata de devolver a cada sacerdote su propia identidad: la de ser otro Cristo, mediador entre Dios y los hombres, encargado de perdonar los pecados, distribuir los bienes divinos a las almas y conducirlas al Cielo.

Para los fieles y todo el pueblo cristiano, a fin de que puedan comprender la ardiente necesidad de salvar sus almas, de santificar sus hogares, sus trabajos y sus ciudades. Para que, sabiamente instruidos en su santa religión, sepan cómo protegerse contra la corrupción del mundo, especialmente la corrupción moral e intelectual. San Pío X quería que la gente orara en la belleza y "reconocieran en la Eucaristía el poder de nutrir sustancialmente su vida íntima" [7]. San Pío X organizó sobre una base sólida la Acción Católica y promovió las actividades sociales y profesionales de los católicos en un entorno confesional.

Para los pueblos y todas las personas de buena voluntad, a fin de que encuentren en la Iglesia el acceso a Jesucristo. Esta fue su primera preocupación, explica Pío XII, porque Dios "es el origen y el fundamento de todo orden, de la justicia, de todos los derechos en el mundo. Donde Dios reina hay orden, justicia y derecho. De ahí se deriva la gran obra del pontificado de San Pío X para organizar la ley de la Iglesia. De ahí también la primacía de la fe y la sana doctrina que fue "un servicio de extrema caridad, obrado por un santo, como jefe de la Iglesia, a toda la humanidad" [8].

Finalmente, a los enemigos de la Iglesia, para que puedan conocer la intrepidez y la fuerza que solo Dios puede dar a su Vicario en la tierra y, a través de él, a sus hijos esparcidos por todo el universo. El valor con el que Pío X rechazó las leyes de separación de Iglesia y Estado fue emblemático; "dio a Francia, cruelmente perseguida, nuevos obispos, y resistió a los asaltos de los impíos" [9]. Una santidad papal digna de un verdadero sucesor de Pedro. Aceptó el honor del pontificado supremo "como una cruz", acepto en crucem, y se absolvió como un santo.


[1] Expresión del Padre V.-A. Berto, en un artículo publicado en La Pensée Catholique, 1951, n. 19, p. 27 y recogido en la colección Para la Santa Iglesia Romana, Editions du Cèdre, 1976, p. 95.

[2] "Omnia institutare in Christo"; frase de San Pablo (Ef 1, 10) tomada como el lema de su pontificado en la primera encíclica de San Pío X, E supremi apostolatus, 4 de octubre de 1903.

[3] Dom Olivier Rousseau, Historia del movimiento litúrgico, París, Cerf, 1945, p. 201.

[4] Discurso del 3 de junio de 1951 (beatificación) en Documentación Católica No. 1097, col. 713-720.

[5] Discurso del 29 de mayo de 1954 (canonización) en Documentación Católica No. 1175, col. 711-716.

[6] Padre Victor-Alain Berto, "Santidad de Pío X", en Para la Santa Iglesia Romana, op. cit., p. 98.

[7] Discurso del 29 de mayo de 1954.

[8] Ibidem.

[9] Ibidem.