El quinto dolor de María

Marzo 30, 2020
Origen: District of Spain and Portugal

El quinto dolor de María, su presencia al pié de la Cruz

Para todos los días :

1 - Ofrecer de todo corazón un sacrificio o renunciar voluntariamente a algo.
2 - Oración preparatoria :

" Stabat Mater..."

Primera consideración : El quinto dolor de María, su presencia al pié de la Cruz.

La Santa Iglesia Católica es la mejor intérprete de los sentimientos divinos y por lo tanto de los marianos. La liturgia de los Dolores de la Santísima Virgen será hoy nuestra mejor ayuda para contemplar el mayor dolor de nuestra Madre : la crucifixión de su Hijo Jesucristo.

La epístola por ejemplo dice : « Nos has salvado de la ruina bajo la mirada de nuestro Dios ». En verdad María nos salvó haciendo que su Corazón se indentifique tanto con el de Jesús, que al final, fue un solo y mismo amor el que redimió y co-redimió los pecados del mundo. Jesucristo miraba a María levantada al pié de la Cruz, y María miraba a Jesucristo levantado encima de la Cruz. El momimiento de amor de Jesús era como un torrente potente que bajaba desde Dios hasta los hombres, y el movimiento de amor de María era como un choro volcánico que subía desde los hombres hasta Dios. Estos dos movimientos aparentemente contrarios se unieron al nivel de la Cruz, provocando una terrible y enorme explosión de amor, capaz de borrar la ruina de toda la historia de la humanidad. Entremos en este movimiente para sentir en nuestros corazones otra contradicción aparente que en realidad esta hecha para unirse : el amar y el sufrir.

« Bienaventurado el Corazón de la Virgen María, canta la antífona de Comunión, porque bajo la Cruz no necesitó de la muerte para conseguir la palma del martirio ». Cuando el soldado habrió el costado de Jesucristo, su lanza topó con un Corazón que no latía y que por lo tanto ya no podía sufrir. Pero en la Pasión del Salvador nada se hizo en vano, todo estaba programado y escrito. Entonces un golpe en el Corazón de Jesús no podía quedarse sin  su correspondencia de gracia merecida. La solución estaba en el Corazón de la Virgen que no solamente seguía latiendo, sino que seguía profundamente unido al de su Hijo. Eso explica como María fue la que tuvo que soportar los sufrimientos de un golpe tan terrible. Al momento preciso en el cual las puertas del Corazón divino se abrieron, la primera en merecer entrar y custodiar esas puertas fue la « Reina del Cielo » de la cual habla el Tracto, « la Soberana del mundo, dolorida pero de pié al lado de la Cruz ».

Segunda consideración : Repercusión en el corazón de San Juan.

« Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. ». Para San Juan, toda su vida, toda su misión, todas la gracias de su vida para su misión se resumen en este extracto del Evangelio. No le estableció Jesús a San Juan « hijo adoptivo e oficial de su propia Madre » sin darle al mismo tiempo las gracias para que su corazón y su alma se conviertan realmente en las de un verdadero hijo para con su mamá. Ya había experimentado y contemplado algo del inmenso amor y del inagotable dolor de la Virgen ;  pero ahora que se convierte realmente en su hijo, no solamente se vuelve como más en adecuación con María, sino que María mismo le ofrece a San Juan el amor que hasta ahora le tenía reservado a Cristo. Contemplemos un rato en silencio este hecho tan singular y espectacular.

A propósito, pudo Nuestro Señor pronunciar su « Consummatum est » o sea «Todo está cumplido» y entregar su espíritu. Sin dar a su Madre como medio necesario de salvación, Dios mismo no hubiera podido morir, o si hubiera muerto, no hubiera podido decir : «Todo está cumplido», porque hubiera faltado algo. San Juan nos dice que desde entonces tomó a la Virgen en su casa. Haga San Juan que a partir de ahora, la compasión que nos ayudará a tener para con el corazón de la Virgen, nos merezca el título de « hijo de María » y podamos así acogerla en la casa de nuestra alma.

Tercera consideración : Nuestra compasión.

« Si queréis asistir bien a Misa, asistan como la Virgen al pié de la Cruz » gritaba el Padre Pio. Al ser la Santa Misa la renovación y la reactualización del sacrificio del Calvario, no tendremos mejor manera para compatir con el dolor de la quinta espada de María, que asistiendo a menudo y devotamente a Misa, sea corporalmente, sea espiritualmente.

Si supiéramos el valor del tesoro que es la Santa Misa, lograríamos entender mejor la compasión de la Santísima Virgen. De la misma manera, aunque en sentido contrario, el penetrar cada vez más en los Dolores de la Madre de Dios, nos ayudará a recoger más gracias eucarísticas. Y la santificación por la Eucaristia es el mayor consuelo para el mayor dolor de su Corazón traspasado.

ORACIÓN FINAL

1 Padrenuestro, 7 Avemarías y Glória.
Ruega por nosotros Virgen dolorosísima / Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

Petición…

Oremos. O Dios que quisiste que en tu pasión, según la profecía de Simeón, el alma dulcísima de la gloriosa Virgen y Madre María fuese traspasada por una espada, concédenos la gracia, que celebrando con veneración su transfixión y pasión, podamos, por la intercesión de los gloriosos méritos de todos los Santos que rodean fielmente la Cruz, obtener el feliz efecto de tu pasión. Por Jesucristo Señor Nuestro. Amén.