Carta a los niños 9

Abril 03, 2020

Los dolores de la Virgen

Hoy la Iglesia conmemora los dolores de la Virgen María, y para nuestra querida Fraternidad es una fiesta muy importante.

Nuestro Señor Jesucristo quiso asociar a su Madre a la obra de la redención de los hombres. Nuestro Señor no necesitaba ayuda alguna para nuestro rescate, Él es el único mediador entre Dios y los hombres. Sin embargo, por una disposición amorosa de su voluntad, quiso unir a la Virgen a su obra, y es por eso que la Virgen María es “Corredentora”, lo cual quiere decir, que colaboró en la redención de la humanidad junto a su Hijo. Todos los dolores inmensos que sufrió la Virgen durante la Pasión, se unieron a los dolores y méritos infinitos de Jesús para salvarnos.

Por lo tanto, nadie se unió más a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, que la Virgen María, lo cual implica que después de Jesús, nadie sufrió tanto en este mundo como Ella.

Y fue en aquella situación tan dolorosa, que Ella se convirtió en “Madre nuestra”. Ya saben lo que pasó en el Calvario ¡Qué momento tan trágico pero solemne! Jesús, clavado en la cruz y lleno de sufrimientos espantosos, mirando a su Madre que estaba de pie junto a la cruz, lo cual muestra la fortaleza de su ánimo a pesar del dolor que le causaba el martirio de su divino Hijo, le dice: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, y a Juan le dice: “Hijo, ahí tienes a tu Madre”. Jesús le entrega a su discípulo amado a su querida Madre.

Ahora bien, sabemos que San Juan nos representaba a todos nosotros, y que en vez de “Juan”, podríamos perfectamente poner el “nombre nuestro”. Jesús nos avisó que en ese momento la Virgen María se convirtió verdaderamente en nuestra Madre espiritual, porque nos ganó, junto a Jesús, la vida espiritual a nuestras almas.

¡Cuán agradecidos debemos de estar para con la Virgen María! Y es por eso que debemos amar mucho a la Virgen y ser muy devotos de Ella. Dios mismo quiere que amemos a su Madre, porque es también nuestra madre.

Una manera concreta de mostrar nuestro amor a la Virgen es rezando el  Santo Rosario todos los días, que es la oración que más le agrada.

Pidámosle a nuestra Madre del cielo que nos alcance las gracias necesarias para ser buenos hijos suyos y que nos dé un poco de su fortaleza de ánimo para soportar las pequeñas cruces de nuestra vida sin quejarnos, tal como Ella nos dio ejemplo.