Carta a los niños 12

Abril 07, 2020

La humildad

Otra de las virtudes que nos enseñó Nuestro Señor a lo largo de toda su vida, y más aún, en la Pasión, es la virtud de humildad. Él ya nos lo había dicho: “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”.

Al comienzo de la creación, Lucifer (“portador de luz”, eso significa su nombre) era la creatura más perfecta y hermosa que Dios había creado. Él lo sabía bien, y veía su perfección, y cómo todas las cosas, en cierta medida, estaban subordinadas a él. Pero Dios tenía otros planes. Les reveló a los ángeles el misterio de la Encarnación del Hijo del Dios. Y a Lucifer no le agradó este plan. No le gustó que Dios se hiciera “hombre”, una creatura que era inferior a los ángeles, y menos tener que someterse y adorar a un Hombre-Dios, a Nuestro Señor Jesucristo. Lucifer pretendió ser él mismo el mediador entre Dios y los hombres, y el principal de toda la creación, y se sintió como oscurecido y tapado por la figura de este “Mediador”. Y su reacción ya sabemos cuál fue: “No serviré”. Rechazó servir a Nuestro Señor, no quiso humillarse ante los designios de Dios, y creyéndose más de lo que era, realizó el acto de mayor soberbia de toda la historia de la creación.

Nuestro Señor hizo todo lo contrario. Siendo Dios todopoderoso, se humilló haciéndose hombre, por obediencia a su Padre y para salvarnos de las garras del diablo, y murió en la cruz, la muerte más infamante de todas.

“Todo el que se ensalza”, o el que pretende ser más de lo que es, “será luego humillado” por Dios, como el demonio, que queriéndose hacerse más grande de lo que Dios había previsto, fue condenado en el infierno. En cambio, “todo el que se humilla”, “será luego ensalzado” por Dios, como a Nuestro Señor Jesucristo, que después de su muerte y resurrección, subió a los Cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre, desde donde vendrá a juzgar a vivos y a muertos.

Queridos niños: es muy importante que seamos humildes. Sólo los humildes pueden llegar a la santidad y atraerse las gracias divinas, como la Virgen María, que siendo muy humilde, fue elegida para ser la “Madre de Dios”.

Los orgullosos corren el riesgo de condenar su alma porque no se quieren someter a las leyes y al orden que Dios ha dispuesto.

Es muy importante que obedezcan a sus padres sometiéndose dócilmente a ellos, porque la desobediencia es un acto de orgullo. Aprendan a pedir perdón cuando se equivocan en algo o cuando ofenden a otra persona y a reconocer sus faltas, porque estos son actos de humildad. Sepan perdonar, escuchar y recibir bien los consejos de los mayores, porque eso también es practicar la humildad.

APRENDAMOS de Jesús y de la Virgen a ser humildes, contemplando su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, para que el Señor nos llene de gracias y bendiciones.