Carta a los niños 11

Abril 06, 2020

La Paciencia

 

Hoy es Lunes Santo y ya ha comenzado la Semana más importante de todo el año. Por una disposición de la divina Providencia, no podremos asistir a las misas y a los actos litúrgicos con que la Iglesia cada año conmemora los últimos acontecimientos de la vida del Salvador. Sin embargo, Dios no nos abandona, y podremos recibir las gracias especiales de esta “Semana” si nos unimos desde nuestras casas a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

¿Cómo nos podemos unir a la Pasión de Jesús? Mediante la oración y la práctica de las virtudes, especialmente de aquellas que nos dejó ejemplo Jesús en su Pasión. Y una de las virtudes que más brilla en su Pasión es la virtud de la paciencia.

La paciencia es una virtud que nos ayuda a soportar los males de esta vida. Nos da fuerza para que no nos desanimemos cuando sucede algo malo y lo soportemos con buen ánimo. Y esto lo vemos claramente en la Pasión de Cristo.

Durante su agonía en el huerto, varias veces advirtió a sus discípulos de que no se quedaran dormidos y que lo acompañaran en la oración, y, sin embargo, sus más íntimos amigos hacen lo contrario. ¿Qué hace Jesús? ¿Acaso los trata mal, les grita, y se enoja? NO. Sufre con paciencia la debilidad de sus apóstoles.

Cuando Nuestro Señor ve a Judas que está viniendo con sus enemigos para traicionarlo, no se enoja contra él, ni lo trata mal, sino que le dice: “amigo para qué has venido”. Nuestro Señor busca que se arrepienta y por eso sufre con paciencia esa traición.

Luego todos sus queridos apóstoles lo abandonan y lo dejan en manos de sus enemigos. Uno pensaría que después de resucitado Nuestro Señor los iba a retar por tanta cobardía. Pero lo primero que hace, cuando se les aparece una vez que ya resucitó, es decirles: “la paz sea con vosotros”.

Y a lo largo de toda su pasión vemos cuánto sufre Nuestro Señor sin quejarse, sin hablar mal de los que lo condenan y le golpean. ¡Qué ejemplo de virtud heroica de paciencia nos da Nuestro Señor!

Aprendamos de Jesús a no impacientarnos cuando nos pase algo que no nos gusta. Tengamos paciencia con nuestros hermanos y amigos. No nos quejemos cuando nos pidan algo nuestros padres. No hablemos mal de las otras personas cuando nos hacen algo que no nos agrada. Tampoco nos pongamos tristes cuando nos pase algo malo. Y así, poco a poco, nos asemejaremos a Nuestro Señor que era manso y humilde de corazón.

Pidámosle fuerzas a Jesús para sufrir con paciencia los males de esta vida. Una ayuda para practicar esta virtud es contemplar la Pasión de Cristo. En “la oración colecta” de la misa de hoy, que podrán leer en sus misales, se pide a Dios que “los que desfallecemos en tantas adversidades, podamos respirar intercediendo la Pasión de su Hijo”, es decir, que en la Pasión de Cristo vamos a encontrar la fuerza (la respiración) para llevar los males de esta vida (que sofocan nuestra alma).