Brevedad de la vida

Febrero 22, 2019
Origen: District of Spain and Portugal

Dos vidas nos ha concedido Dios: la presente que es de lucha, y la futura que es el premio” (San Juan Crisóstomo), y ¿qué es nuestra vida presente? El Apóstol Santiago contesta: “es un vapor que por poco tiempo aparece y luego desaparece” y el poeta dice también: "¿Qué es nuestra vida más que un breve día donde apenas sale el Sol cuando se pierde en las tinieblas de la noche fría?" (Andrada)

De la brevedad de la vida nos hablan los siguientes textos bíblicos: “El hombre es como la hierba que se marchita, que florece y se renueva por la mañana y por la tarde se corta y se seca” (Salmo 90, 5-6) “El hombre que camina no es más que una sombra, un soplo que se agita y amontona y no sabe para quién” (Salmo 39, 7) “El número de los días del hombre, a más tirar son cien años, y, comparados con la eternidad, son menos que una gota de agua comparada con todo el mar” (Ecl. 18, 8) “El hombre pasa como una sombra… como humo disipado por el viento, pasa como el recuerdo del huésped de un solo día” (Sap. 2)

"Son raros los hombres que saben contar su vida. ¿Quién no dice veinte o cuarenta o más años tengo? Debiendo decir: No tengo veinte o treinta o cuarenta años, pues no se puede negar que los ya vividos los tiene la muerte" (Quevedo)

Se cuenta de un niño que estaba parado en una calle. En la mano tenía un dulce. Va dándole mordiscos, y mientras tanto llora.

- ¿Por qué lloras? Le dice un transeúnte.

- Lloro, contesta el niño, porque cada vez que doy un mordisco, mi dulce se vuelve más pequeño y se acaba.

Así muchos, apegados a la vida presente, al ver que se les va acabando y ven que se les acerca la muerte, también lloran y viven apenados, como el niño, porque se les termina. Son los que no piensan en el “más allá”.

Si vivieran cristianamente, no temerían a la muerte. Por eso San Pablo quiere levantar el ánimo a todos los cristianos diciéndoles: “No estéis tristes como los que no tienen esperanza de la vida eterna” (1 Tes. 4, 14). Y a esta vida, que es bienaventurada y eterna, debemos caminar.