¿Demasiado tarde?

Septiembre 09, 2020
Origen: District of Spain and Portugal

Nuestra epoca post-conciliar en la que se estudia cada vez más la posibilidad para los laicos de sustituir a los sacerdotes en la Iglesia y las restricciones impuestas en las iglesias debidas a la epidemia, han dado ocasión a todos de reflexionar este año sobre la necesidad del sacerdote y su disponibilidad para dar los sacramentos a las almas enfermas o encerradas en su domicilio. El Director del seminario de la FSSPX en Flavigny-sur-Ozerain (Francia), por un pequeño cuento, nos invita a rezar por las vocaciones a fin de que nunca nos falte la presencia sacerdotal en los momentos importantes de nuestra vida.

El cuento se aplica muy bien a España también...

25 de marzo de 2040. Una lluvia desapacible cae sobre la ciudad. Recuerdo con melancolía los tiempos en que era niño: ese día festejábamos la Anunciación; había a menudo Misa cantada, cánticos a la Virgen, y nuestra alma estaba feliz. Teníamos un priorato, y no lejos de allí una escuela de las dominicas. Teníamos confianza, pero no habíamos tomado conciencia de lo que se tramaba. Me acuerdo de nuestros sacerdotes, cuánto nos urgían a rezar por las vocaciones sacerdotales: “Señor, danos muchos santos sacerdotes.” Pero hay que reconocerlo, yo no me había hecho cargo plenamente de lo que nos pedían. ¡Habría hecho falta mucho más! Ahora es demasiado tarde ….

El hundimiento comenzó con las leyes sobre las escuelas: se cerraron las escuelas privadas. Las dominicas debieron replegarse a países donde la libertad les permitía todavía mantener establecimientos escolares: la Hermandad de San Pío X se batió con resolución, pero la batalla estaba ya perdida.

Después vino la serie de leyes contra toda forma de integrismo: cualquier discurso “que se oponga a los valores de la República y a lo que de ellos deriva”, pronunciado por “una persona con autoridad, en el marco de sus funciones, sean institucionales o asociativas”, será sancionado con “la prohibición de ejercer sus funciones, así como con una multa de hasta 2.000 euros, y hasta con un año de prisión”. “Toda asociación, sea o no confesional, que apoye a sus miembros infractores, podrá ser prohibida en territorio francés”, para favorecer la convivencia. Por lo tanto, numerosos sacerdotes fueron encarcelados por haber condenado la homosexualidad; por haber “incitado al odio islamófobo” enseñando que el islam es una religión anticristiana; por haber “discriminado a las mujeres en las funciones asociativas religiosas” (sic) y enseñado la desigualdad entre la mujer y el hombre “en el marco del hetero-modelo familiar”; por haberse negado a modificar “padre y madre” por “progenitor 1 y progenitor 2” en las  inscripciones de bautismo; por haber dado clases de catecismo a menores imponiendo verdades exclusivas -contra lo requerido por la “ley de protección de las libertades de los menores contra toda forma de sectarismo” … y hago gracia de más ejemplos. De este modo, en menos de diez años, el Estado francés suprimió todos los institutos católicos que se negaban a plegarse a tal totalitarismo.

Frente a este desastre, las vocaciones se interrumpieron. No quedaron entonces sino dos únicos seminarios para todas las diócesis de Francia: el “Seminario Santos Bosques de la Amazonía” y el “Seminario Martín Lutero King”, este último conservador -puesto que se enseñaba allí que la homosexualidad era una forma de amor menos perfecta.

Para formar en la Misa tradicional, quedó un solo seminario en toda Europa, el cual reagrupaba lo que quedaba de los diferentes institutos Ecclesia Dei: el “Seminario Santo Cardenal Marx”.

El seminario de Flavigny fue cerrado. Todos los seminaristas y hermanos se replegaron a Écône. Pero el contexto de la persecución enfrió a nuestra juventud: no quedaron sino doce seminaristas en seis años.

Sin embargo nuestros sacerdotes (los que no están en la cárcel) se entregan a su ministerio de modo admirable: se esconden, son recibidos en secreto por familias en cuyas casas celebran la Misa, confiesan, bautizan y dan clases de catecismo a nuestros hijos, a pesar de que éstos sólo se interesan ya por Netflix. ¡Pero estos sacerdotes son tan poco numerosos! Además no tienen ya teléfono móvil ni utilizan ya internet, para no ser localizados por los perseguidores. Es extremadamente difícil ponerse en contacto con ellos y acogerles, a pesar de su entrega incansable.                         

¡Qué tristeza! ¡Si al menos hubiésemos comprendido más pronto la gracia de tener un sacerdote! Habríamos rezado más, ofrecido penitencias para merecer más sacerdotes. Es demasiado tarde …

Y pensar que mi esposa murió sin haber podido confesarse desde hacía dieciséis meses, y sin haber podido recibir el sacramento de la extremaunción …

Y pensar que ninguno de mis hijos sigue practicando, ni siquiera mi hijo mayor a quien le gustaba tanto ayudar a Misa …

Y pensar que mi hija pequeña vive en la peor de las decadencias, que mis nietas no están ya bautizadas, que una de ellas se dice “antifascista” y la otra se ha hecho musulmana.

Nunca habría imaginado que esto fuera posible, jamás. Evidentemente no han visto a un sacerdote más que una sola vez en su vida. Les hizo buena impresión, pero no tuvo continuidad. Ahora que nos los han quitado, comprendo la influencia benéfica de los sacerdotes en nuestras sociedades de antaño. Cuánta razón tenían nuestros antepasados. El Santo Cura de Ars decía: “Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote, y adorarán allí a los animales”, y Chesterton afirmaba: “Quitad lo sobrenatural, y no queda ya sino lo que no es natural”.  

“¡Ánimo, amigo mío! -me digo para mi coleto- El padre Tise (es un nombre en clave) va a venir la semana próxima a esta ciudad: al fin podré confesarme, reencontrar el estado de gracia y participar en el santo sacrificio de la Misa.” Qué dulzura pensar en ello …

Al entrar en mi cocina enciendo la radio, mientras que comienzo a preparar la cena. Es rápido, porque las nuevas normas ecológicas mundiales nos hacen tomar píldoras de complementos alimenticios, a fin de evitar la cría de animales (para preservar su dignidad) y la agricultura (que infringe los derechos del bosque). “Flash informativo. La República acaba de dar un paso histórico en la garantía de los derechos individuales: una subcomisión de la lucha antiterrorista ha hecho una redada en el conjunto del territorio francés. Los trece sacerdotes integristas que actuaban en la sombra han sido todos ellos detenidos. Con ocasión de reuniones ocultas, en familias con hijos menores, intentaban sembrar vientos antirrepublicanos, sectarizando cada vez más a familias enteras que ahora han sido liberadas de ese yugo inflexible. ¡Si hubieran tenido un mínimo de cultura -pero bien sabemos que los integristas son incapaces- habrían conocido la expresión “quien siembra vientos, recoge tempestades” y se habrían abstenido! Serán conducidos mañana ante el Fiscal”.

Me caigo de la silla, aniquilado. Se terminó. Mi única esperanza ha desaparecido. Es el Apocalipsis.

Y de golpe el despertador suena, sacándome de este mal sueño. “Uf ¡qué alivio! Era una estúpida pesadilla”.

Para levantar la moral, extiendo la mano y tomo el libro de espiritualidad que tengo en la mesilla de noche, para leer algunas páginas. Páginas maravillosas, que responden plenamente a mi angustia:

La oración -está allí escrito- no es un esfuerzo del alma con que se intentaría hacer violencia a Dios, para hacerle cambiar sus disposiciones providenciales, Dios no se inclina ante nuestras voluntades y nuestras plegarias, y no cambia sus designios. Pero es el mismo Señor quien nos inspira rezar, a fin de que le pidamos lo que en su misericordia desea darnos. Dios tiene determinado desde toda la eternidad lo que sucede, pero también la forma en que ocurren las cosas, las causas que producen los acontecimientos, los medios por los cuales se obtienen los fines. La Providencia ha fijado por ejemplo que no habrá cosechas sin siembras, ni vida familiar sin ciertas virtudes, ni vida social sin autoridad y obediencia, ni ciencia sin trabajo intelectual, ni vida interior sin oración, ni vocaciones de sacerdotes sin que se imploren con una oración suplicante: ”Viendo a la muchedumbre, se enterneció Jesús de compasión por ella, porque estaban fatigados y decaídos como ovejas sin pastor. Entonces dijo a los discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”.       

Comprendo todo. ¿Por qué faltan sacerdotes? Porque Dios ha determinado que Él enviará esos pastores únicamente cuando hayamos alcanzado la cantidad y la calidad de oraciones que Él haya determinado de toda eternidad para esta intención. ¡Qué perspectiva! ¡Qué entusiasmo! Cada una de mis oraciones va a poder contribuir, va a hacer que suba esta masa de súplicas y que merezcamos esos sacerdotes que van a renovar la cristiandad. He aquí con qué ser realmente útil para el Reino de Dios en la tierra …

Vamos, es tiempo de ponerse en pie. Miro la hora en mi despertador: 6h30´, 25 de marzo de 2040. Fuera cae una lluvia fina.