Horarios de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en España y Portugal

Domingo de Ramos

Procesión Solemne en honor de Cristo Rey


En el siglo IV se leía hoy en Jerusalén, en el mismo lugar en que aconteció la escena, el pasaje evangélico de la entrada triunfal de Jesús. A continuación, un obispo, montado en un asno, iba desde la cima del monte de los Olivos hasta la iglesia de la Resurrección, rodeado de la muchedumbre, que llevaba ramos en sus manos y cantaba himnos a Cristo Rey. Al adoptar la Iglesia de Roma, este uso, en el siglo IX, añadió el rito de la bendición de los ramos.
En la procesión de los ramos hace hoy suyo el pueblo cristiano, en la plenitud de su fe, el gesto de los judíos y le da toda su significación. Imitando al pueblo de Jerusalén, aclamamos a Cristo como a un triunfador: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel!» Pero conociendo por la fe el sentido y consecuencias de estos acontecimientos, comprendemos bien lo que es y lo que representa su triunfo. Él es el Mesías, Hijo de David e Hijo de Dios. Es signo de contradicción, a quien unos aclaman y otros maldicen. Enviado a este mundo para arrancarnos del pecado y del poder de Satanás, muere en la cruz; pero triunfa también de la muerte, al salir vencedor del sepulcro. De este modo, con su victoria nos alcanza la paz con Dios y nos lleva consigno al reino de su Padre celestial.

 

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