Entrevista de Mons. Fellay a “Radio Courtoisie”

Se han realizado dos entrevistas recientes de Mons. Bernard Fellay: una a TV Libertés, y otra a Radio Courtoisie. La entrevista completa de la radio se presenta aquí.

El día 26 de enero del 2017, Monseñor Bernard Fellay, Superior General de la Fraternidad San Pío X, respondió a las preguntas del Padre Alain Lorans a lo largo de una hora en “Radio Courtoisie”. He aquí la transcripción integral de sus propuestas que esclarecen y complementan las respuestas que dio el 29 de enero a Jean-Pierre Maugendre en TV Libertés en una entrevista de 15 minutos.

¿La Fraternidad San Pio X tendrá la libertad real de «vivir la experiencia de la tradición»?


Mons. Fellay bendiciendo en nuevo Seminario de Virginia (2016)

RP Alain Lorans: Monseñor, usted es el Superior General de la Fraternidad San Pío X desde hace 20 años. ¿Usted ve en este periodo un cambio en la Iglesia, en la Fraternidad o en el mundo en el que usted viaja? Acaba de regresar de América del Sur, ¿cuáles fueron sus últimos viajes?

Monseñor Bernard Fellay: ¿Mis últimos viajes? Han sido sobre todo a los Estados Unidos para la inauguración del seminario. También participé en un congreso del otro lado de los Estados Unidos, en la costa oeste. Y en seguida, en diciembre tuvimos ordenaciones en Argentina. Aproveché para pasar por Perú para ver cómo se desarrollan las cosas en Lima, donde también tenemos una capilla. Esos fueron los dos grandes viajes del año pasado.

RP Lorans: ¿Qué evolución puede constatar después de 20 años?

Monseñor Fellay: Falta tiempo para ver realmente si algo se mueve. Si bien hay una cierta evolución, es muy gradual. Tan gradual que es prácticamente imperceptible. Creo que existen ciertas modificaciones, pero el fondo del combate (probablemente regresemos sobre esta cuestión después), el fondo del combate es siempre el mismo. Hay nuevos datos y el combate de ideas que en sí mismo no ha cambiado. Lo que han cambiado son los hombres, más preciso hay una generación que ya pasó. Los que eran los combatientes de la primera hora ya pasaron al más allá, no todos aún pero ya una buena parte. Los más ancianos (podríamos decir que nuestra generación que en ese entonces estábamos en nuestros veinte años y podemos bien recordar) vivieron en un clima mucho más agresivo.

Sin embargo, existe una nueva agresividad que llega, y esta vez no se trata de la Iglesia, la Iglesia está casi en descomposición, no vemos una nueva agresividad, son siempre las mismas historias. Pero a nivel del Estado, hay una especie de ideología global en el mundo entero que establece, que es de izquierda y que se impone, que quiere imponerse. Pienso que eso es nuevo. Los pensamientos son siempre los mismos, pero eso se vuelve cada vez más agresivo.

Una nueva agresividad de los Estados contra la ley natural.


Feligreses de la FSSPX en la marcha por la vida, Washington, DC.

RP Lorans: Eso que hemos visto en Francia con «el matrimonio para todos», «el matrimonio homosexual» o «la teoría del género»… ¿usted lo ve en el mundo entero?

Monseñor Fellay: Es universal, sí.

RP Lorans: ¿Es que todos los católicos que siguen en la Tradición, manifiestan y combaten contra estas ideologías?

Monseñor Fellay: Los católicos tradicionalistas no son suficientemente numerosos para constituir un grupo, un movimiento político. Un movimiento de ideas, sí. Hay otros, los conservadores que se movilizan más o menos. Eso depende del país. Nosotros intentamos ayudar e incluso participar, pero eso varía de un país a otro. Estamos en el combate, pero no siempre a la vanguardia. Desde nuestro punto de vista, sí porque siempre hacemos un poco de ruido, pero existe el peligro de no ver más que a nosotros mismos. Si vemos todo el conjunto no somos más que un pequeño número. Desde el punto de vista del número, no hacemos contraparte sino al nivel de ideas, sí. Al nivel del combate de ideas, sí, representamos una cosa extremadamente sólida y pienso que es por eso que se nos teme.

RP Lorans: ¿Por quién? ¿Quién nos teme?  ¿Quién tiene miedo de la Tradición?

Monseñor Fellay: ¡Oh, por muchos! Creo que es muy vasto. No son ciertamente sólo aquéllos que llamábamos anteriormente los progresistas, o ese mundo eclesiástico que quiso trastornar la Iglesia con el Vaticano II. Ellos están ahí, siempre ahí y el combate continúa. Hay también quienes han inspirado esos cambios en la Iglesia o han intentado instilar dentro de Ella. Y todos ellos son siempre tan virulentos, o incluso más. Vemos bien el movimiento de la Franco-masonería que dirigen esos pensamientos modernos. Algo nuevo que no conocíamos hace treinta, cincuenta años es el lobby homosexual. En esa época era muy desconocido, muy raro, incluso ni siquiera hablábamos de esas cosas, verdaderamente eran poco conocidas. Y de repente todas llegaron como una especie de ola y nos quieren hacer creer que son mayoritarias. Yo no lo pienso, pero tienen los medios suficientes para llegar a imponer estas leyes destructoras de la sociedad, porque son destructoras de toda sociedad, de la ley natural. Si eso continúa como ahora el mundo va a morir por esterilidad.

RP Lorans: ¿Porque ya no habrá más niños?

Monseñor Fellay: Ya no habrá niños. Hay una búsqueda de placer personal, la pérdida del sentido del bien común, es decir, un buen mucho mayor que el hombre, al que cada hombre debe contribuir y que llamamos justamente el “bien común” y del que cada uno disfruta, pero donde se supone que todos colaboren. Desde el momento en que ponemos primero el bien personal, al final destruiremos la sociedad, y es lo que pasa de una forma asombrosa frente a nuestros ojos. Eso pienso que es nuevo. Eso comenzó hace veinte años. Hace cuarenta años quizás no. Pienso que en el 68 fue el comienzo, pero no era perceptible todavía este movimiento antinatural, contra natura. Eso vino después, vino pienso que antes del año 2000, en los años 80-90 con eso que llamamos “Nueva Era” (New Age). Fue en ese momento cuando llegaron estas nuevas ideas destructivas.

En el fondo es siempre el mismo combate: el combate de aquéllos contra Dios, de aquellos que rechazan toda ley que no viene más que de los hombres solamente (el contrato social)… No hace falta reflexionar mucho para darse cuenta que hay leyes en todos lados. Pongamos por ejemplo las leyes físicas, que no son los hombres quienes las van a imponer a la naturaleza. Es lo mismo para la naturaleza humana. No hay absolutamente ninguna duda: no querer respetarlas es como para todas las leyes, todo manual, todo modo de empleo… si uno tiene una lavadora y no respeta el modo de empleo ¡pues bien! arruinará la lavadora. Y aquí arruinamos la máquina humana, que es el individuo, la persona, la sociedad.

Es verdaderamente una época muy especial, una época de disociedad. Una especie de disolución de la sociedad, una pérdida del bien común, un abandono de la perspectiva de que se tiene un fin: toda sociedad persigue un fin. Y hay una pérdida de la idea de autoridad, de la necesidad de una autoridad que debe, que tiene por objeto unir las voluntades para alcanzar este fin. De donde viene la sumisión a esta autoridad, y la necesidad para esta autoridad de quedarse objetivo y evitar la arbitrariedad. Cuando vemos como los gobiernos hoy en día se comportan, tenemos la impresión de que hay una cantidad de valores absolutamente fundamentales que son olvidados para el beneficio del individuo o de aquél que quiere establecer su poder personal o mantenerlo. Esto lo encontramos tanto en la sociedad como en la Iglesia. Porque asistimos hoy, dentro de la Iglesia (esto es nuevo), a un periodo de disolución de la Iglesia. Hay una pérdida de la unidad de la Iglesia absolutamente asombrosa, actualmente.

Una esterilidad que toca a la misma Iglesia.


Mons. Tissier de Mallerais con los alumnos de una de nuestras escuelas en Argentina

RP Lorans: Usted habla de una sociedad marcada por la esterilidad, en el sentido más concreto del término: ya no hay niños, no más fecundidad, lo que es una forma de suicidio. ¿Usted dice que la Iglesia es afectada también? ¿Ella también está en riesgo de suicido por infecundidad? ¿Y particularmente porque ya no hay más vocaciones?

Monseñor Fellay: Sí, de hecho. Vemos que la adopción de ideas modernas, del espíritu moderno que llegó del Concilio… esas ideas ya estaban latentes desde antes y el Concilio las integró más o menos y finalmente entraron a la Iglesia con y gracias al Concilio… esas ideas del mundo moderno, esas ideas modernas causan el mismo resultado. Quizá menos visibles pero ése es el resultado : los seminarios vacíos, las iglesias vacías, los conventos, las sociedades religiosas en vías de extinción o apagadas… hay muchas así. Es un fenómeno que es actual o paralelo a lo que ocurre en la sociedad. La Iglesia parece hasta ahora, rechazar de una forma más o menos tímida, a veces por la fuerza, los ataques contra la ley natural. Así que hay todavía un combate entre el mundo y la Iglesia. Existe todavía, por lo que no es totalmente la misma cosa, pero es sin embargo un poco un rumbo paralelo. Nosotros no dudamos en decir que los frutos, los malos frutos vienen de ese mismo espíritu que es el espíritu del mundo.

Es un espíritu de independencia respecto a Dios, un espíritu que quiere liberarse del yugo de la ley de Dios, de eso que sería muy duro o muy difícil. No queremos más el espíritu de sacrificio, es una de las notas de la Iglesia Moderna. De entrada ya quitamos al Crucificado de la cruz, ya no está más NS sobre la cruz, lo hemos quitado. No queremos más a ese Hombre de dolores. Lo hemos resucitado y después Aleluya. Pero el mundo donde vivimos sigue siendo un mundo de sufrimientos y cuánto no tenemos necesidad de saber que el Dios mismo ha querido compartir nuestros sufrimientos ¡no solamente para aligerar las nuestras pero para salvarnos y dar un valor redentor a sus sufrimientos !

Le hemos quitado todo eso para poner en su lugar una especia de nueva mística, aquéllla del «misterio pascual», de hecho, es una mistificación. Otras veces era más simple, teníamos el Viernes Santo donde NSJC moría por nosotros, por nuestra salvación y enseguidad, Él resucitó porque es Dios, era Verdadero Hombre, murió. Es el Verdadero Dios, Él no puede morir y ha Resucitado porque es Dios. Ahora queremos olvidar la muerte, queremos olvidar esta necesidad de pasar por la muerte, la mortificación. Olvidamos esto.

RP Lorans: ¿Nosotros queremos ir directamente al Domingo de Pascua y borrar el Viernes Santo?

Monseñor Fellay: Lo que es interesante es que en la economía de la salvación, es decir, el régimen al cual nosotros somos sometidos para llegar a la salvación, entonces, para llegar a la vida eterna nos hace falta morir. Y es eso que ya no queremos más. Se pretende querer llegar a la vida sin morir.

RP Lorans: ¿Se rechaza pues el: «si el grano no muere»?

Monseñor Fellay: Exactamente. Es exactamente esto. Es ése el problema de la Iglesia Moderna.

RP Lorans: Y entonces, el grano que sigue solo, ya no tiene frutos. Se vuelve estéril.

Monseñor Fellay: Exactamente. Ellos ya no tienen frutos y son estériles. Todo está ahí. Desde que un obispo conservador abre un seminario donde mete un poco de orden, exige un poco de disciplina, él lo llena. Pero he aquí que son muy pocos los obispos que entienden eso. Los otros no quieren, prefieren quedarse en su esterilidad. Y estoy persuadido de que no comprenden porque eso ya no funciona. Por el contrario, nosotros comprendemos bien por qué.

RP Lorans: Usted dice que hay un rachazo al sacrificio, pero se habló mucho de la familia en el último sínodo. ¿Es que con la exhortación sinodal AMORIS LAETITIA también estamos en la misma línea: un rachazo de la disciplina, de la autoridad, de la enseñanza de Cristo en el sentido del sacrificio?

Monseñor Fellay: Pienso que eso no es por principio. Asistimos ahí a un evento un poco especial. Voy a intentar explicarlo. Eso que vemos en nuestro Papa actual, el Papa Francisco, es una inquietud de las almas, pero en particular de las almas que son rechazadas entonces de las almas que son solitarias, que se encuentran de lado o despreciadas o simplemente en la dificultad. Es eso que llama «periferias existenciales». Entonces, ¿es verdaderamente la famosa oveja perdida? ¿Es que el Papa Francisco deja de lado la manada de las otras 99 ovejas pensando que está bien ahí donde está y se va a ocupar de la oveja extraviada? ¿Quizá es que es eso lo que tiene en mente? Dije quizá, no pretendo dar una respuesta global. Digamos que vemos todo lo que ha dicho, que tiene una inquietud universal, es decir, que no mira sólo la fe: hay los indigentes, los inmigrantes, los que están en prisión. Efectivamente, estos son los hombres separados de los demás, pero es una mirada que no requiere de la fe.

No tenemos necesidad de la fe para constatar que esas personas están en pena. En seguida tenemos a los divorciados, ellos también están en pena. Y tenemos a nosotros, que somos también rechazados. Y finalmente todos estamos un poco en la misma perspectiva, esta perspectiva rechazada por el cuerpo común. Y él quiere ocuparse de esas almas. Él quiere intentar hacer alguna cosa. El problema es que una buena parte de esas almas que están en la dificultad se encuentran ahí porque han chocado con la ley de una u otra forma.

Así pues, tenemos un Papa que tiene un problema con la ley que causa mal a una parte de la humanidad, entonces digamos que va a ver si no hay alguna forma, no de pasarse por encima de la ley, no creo que sea ésa su idea, sino de ver si hay de todas formas un camino para ellos. Intento comprender lo que él hace, pero no es fácil.

Los cuatro cardinales al publicar su dubia sobre Amoris lætitia hicieron una obra de salud pública.


El cardenal Burke (a la izquierda), uno de los 4 cardenales de las famosas dubias

RP Lorans: Es tan difìcil que hay cuatro cardenales que hacen saber sus dudas, diciendo que Amoris Laetitia plantea grandes problemas doctrinales.

Monseñor Fellay: Y ellos tienen razón. Pero vean bien como esta exhortación es dirigida – es el mal actual – ella abre zonas grises. El Papa dice que no existe sólo blanco o negro, sino que también existe el gris, pero la ley está hecha para decir las cosas claramente. Y necesariamente ella va a establecer un blanco y un negro, un sí y un no. Sabemos bien que en la realidad de todos los días existen casos particulares, cuando se trata de la ley eclesiástica, donde hay que distinguir la ley del Buen Dios de la ley de la Iglesia, porque el Buen Dios ha prevenido todo, Él conoce todas las circunstancias, Él conoce todas las situaciones en las que los hombres van a encontrarse cuando estableció su Ley que no conoce excepción alguna: la Ley de Dios y sus mandamientos no conocen excepción alguna. Sin embargo, en la Ley Humana, e incluso la Ley Ecleciástica, es decir esas leyes que fueron hechas por hombres que no poseen la sabiduaría del Dios Infinito, y donde la Iglesia sabe que habrá circunstancias en las cuales, si su ley era aplicada, causaría daño a las almas, esa sería la excepción: podemos decir el gris en una situación de blanco y negro. Cuando se trata de la Ley Ecleciástica, la Iglesia y de una manera muy amplia, es admirable de ver hasta qué punto, la Iglesia está lista a hacer excepciones y muy fácilmente. Sin embargo, y lo repito una vez más, la Ley de Dios no conoce ninguna excepción.

RP Lorans: ¿Entonces justamente, la cuestión de los divorciados vueltos a casar y la comunión, corresponde a la Ley de Dios o a la Ley de la Iglesia?

Monseñor Fellay: Es la Ley de Dios. NSJC habló específicamente de este caso de los esposos separados. San Pablo lo dijo claramente (y cuando habla San Pablo hay que poner atención porque es uno de aquéllos que son los instrumentos de Dios, que transmiten la palabra de Dios, así que no es San Pablo como hombre, sino es Dios que habla a través de la boca de San Pablo, es la Escritura Santa). En el Evangelio, en las Epístolas no hay alguna duda, es Dios quien habla. Es Dios quien habla a través de San Pablo. Esta ley es muy clara, NO HAY NINGUNA ZONA GRIS: aquél o aquélla que se separe de su esposo o de su esposa y viva con otra y otro comete adulterio (cf. Mt 19, 9). Hay una ruptura de la fe dada, es decir de la palabra dada a su cónyuge, rompemos esa promesa con alguien más. Es un pecado que (porque esta unión es un fenómeno de la sociedad) es un pecado público. Aún si no hay gentes alrededor, esto pertenece al dominio público.

Así pues, es un pecado que es más grave a causa del mal ejemplo, de escándalo que se les da a otros. Es por eso que el Buen Dios, pero también la Iglesia va a tomar disposiciones severas: el pecador público no tiene derecho por ejemplo a la sepultura ecleciástica. La Iglesia es muy severa. Es normal porque se trata de proteger las almas en buena salud.

De hecho, el problema en el que se encuentra hoy en día, es que un cierto número de obispos y sacerdotes, durante años y decenas han bendecido uniones falsas. El Vaticano mismo ha intervenido en Francia para prohibir esos rituales… que continúan aún así. Me dijeron eso en Roma y porque Roma interviene hace falta que la cosa sea bien extendida. Son los sacerdotes y los obispos que bendijeron a esas personas que vivían en el pecado y que después les van a rechazar la comunión… ¡No tiene sentido! Es lógico, pero es una lógica en el pecado y es grave. Extremadamente grave.

Los textos mismos no van a ser explícitamente abiertos a esa perspectiva. En el texto de Amoris Lætitia no dice explícitamente: ahora ya podemos dar la comunión. Es mucho más hábil. Se abren las puertas sin franquearlas, se dejará que alguien más lo haga. Esto es muy grave, porque quiere decir que donde antes teníamos bien clara la distinción del bien y del mal hoy abrimos una zona gris que no existe. Después diremos: vamos a dejar en esta zona gris a cada uno según lo que dirá su conciencia o no sé quién. Es falso. Simplemente, así pues, los cardenales que intervinieron han hecho esto, es decir, una obra de salud pública extremadamente importante. Lástima que sean tan pocos, pero pienso que eso se debe a la debilidad humana. Nosotros sabemos pertinentemente que son muchos, pero los valientes no se presentan al póstigo.

Vaticano II y Amoris lætitia plantean el mismo problema.


Los errores del Concilio Vaticano II están subyacentes en los principios de Amoris Laetitia

RP Lorans: El Cardenal Burke dijo que puede ver una forma de corrección fraterna de la parte de los cuatro cardenales a la mirada de San Pedro, pero muy recientemente el Cardenal Müller, Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, ha dicho que la fe no estaba descomtada a causa de «Amoris Laetitia» y que no hacía falta poner eso en dominio público. ¿Qué piensa usted?

Monseñor Fellay: Creo que es una bella ilustración del problema en el que nos encontramos. Nosotros, la Fraternidad en relación a nuestras objeciones al Concilio. Yo creo que encontramos en una parte el mismo problema. Hay muchos niveles. Está el nivel de la batalla de ideas, y hay un seguno nivel que es ése donde venden sus ideas, las personas. Hay una forma de va y viene entre los dos. Existen personas que ven el problema, pero que no se atreven a hablar o a abordarla por diversas razones. Ahí haría falta distinguir un poco las cosas: no quieren abordarlo porque existe el famoso principio de la asistencia del Espíritu Santo a la Cabeza de la Igleisa. Es el Santo Espíritu quien gobierna la Iglesia a través de su Jefe. El Santo Espíritu no se puede equivocar, así pues, aplican eso mismo al Vicario de Cristo. En seguida, por una falta de distinción, de profundidad, quizá de superficialidad o porque es mucho más fácil se comienza a decir: «todo lo que hace el Papa es bueno». Nada de lo que hace puede ser malo. Eso debe ser bueno. Eso que el dice no es falso y debe ser pues verdadero. Ésas son las respuestas que se han dado en relación al Concilio. Incluso hoy en día, algunos nos culpan a nosotros, nos dicen que no podemos estar en contra del Concilio, que no es posible porque es un Concilio de la Iglesia, allí está el Espíritu Santo, que es bueno, eso es todo. Y nosotros decimos que incluso así hay problemas. Y nos responden: «Sí, efectivamente algunos han interpretado el Concilio de una manera errónea. Pero no es el Concilio». Y nosotros replicamos: «Algunos pero que han comprendido eso leyendo los textos ambiguos del Concilio».

Nuestros interlocutores romanos van a reconocer: « Sí, ciertos textos son ambiguos ». Incluso Benedicto XVI en su famoso discurso a la Curia Romana antes de la Navidad del 2005 reconoció: « Hicimos textos ambiguos para llegar a una más grande mayoría, a un más grande concenso ». Pero se diría que un católico no tiene el derecho de leer esos textos de otra forma si no es la católica. Así pues, él debe eliminar toda posibilidad de interpretación contraria a esas que la Iglesia ha enseñado, contraria a la fe. En teoría, es verdad, es perfectamente verdadero y es lo que nosotros decimos. Es el criterio de Mons. Lefebvre que nos ha dado acerca del Concilio: todo lo que es fiel a la Tradición en el Concilio, nosotros lo aceptamos. Eso que es dudoso o ambiguo lo aceptamos en la medida en que se puede comprender como la Iglesia lo ha enseñado siempre. Y nosotros continuamos con Monseñor diciendo: que existe una tercera categoría de documentos que no son solamente ambiguos sino falsos. Y esta categoría de textos, que se oponen a lo que la Iglesia ha enseñado siempre (no es nuestro pequeño juicio particular ya que no somos protestantes, la Iglesia ya habló de eso e incluso condenó los errores) es eso que nosotros condenamos, puesto que la Iglesia lo hizo antes.

Es ésa nuestra posición. Nosotros decimos: «en teoría, afirmar que la única manera católica de leer el Concilio es de leerlo bajo la luz de la Tradición, sí, en efecto es esto». Pero el problema es que una vez establecido este principio se nos responde: «En efecto, todo el mundo lo leerá de una forma católica». Pero nosotros replicamos a ello: «Abran los ojos, miren a su alrededor. Esto no es la realidad. Eso debería haber sido así pero no es lo que es y por eso hay un gran problema. La realidad es diferente». Es eso que vemos en Amoris Laetitia. Ustedes tienen un Cardenal Müller que dice: «Este texto no va contra la fe». Escuchen, la podemos leer de forma católica, de hecho, no se puede, se debe leer así. Aquéllos que no la leen de una forma católica están en un error. No lo dice claramente porque si lo dijera atacaría a su jefe. Hay aquí un silencio extremadamente grave… Y los cuatro cardenales que señalaron esta herida abierta en la doctrina que era clara hasta ahí, muy clara. Porque tenemos una apertura en dirección a los divorciados vueltos a casar que no había el derecho de hacer. Simplemente. También el Cardenal Müller dice: «no hemos franqueado la puerta, no hemos salido de la ley divina» oficialmente es verdad, salvo que hay cierto número de conferencias episcopales, que ya han indicado la salida.

RP Lorans: ¿Y en un sentido laxista?

Monseñor Fellay: Evidentemente. Y de otros afortunadamente los obispos polacos, ellos en el sentido católico. Entonces, ¿qué es lo que pasa? Y esa es la situación actual o real. La fe y la moral para un católico están en el mismo nivel. Hay una infalibilidad de la Iglesia y del Papa sobre esas cuestiones siempre y cuando se quiera comprometerla. Eso ha enseñado siempre la Iglesia: no se puede dar la comunión a alguien que se encuentra en estado de pecado. Es muy simple. Entonces, a aquéllos que viven en concubinato, en un estado marital que es un estado de pecado, no tenemos el derecho de dar la comunión.

La única zona gris, que no es gris de hecho, es poder decir: si aquéllos no viven más maritalmente, viven pues como hermano o hermana, puede haber ciertas situaciones hoy en día complicadas, con todas esas familias recompuestas, con niños de ambos cónyuges, para conservar bienes como el bien de los niños, vamos a estar quizás obligados a tolerar que esas dos personas vivan bajo el mismo techo. Vamos pues a prevenir a esas personas: «Si quieren ir al cielo, no hay más que un sólo medio y es de vivir fuera de pecado, deben vivir como hermano y hermana». Así que no en la misma cama, no en el mismo cuarto… será complicado y difícil, pero en ese caso, vivirán fuera de pecado. Y de manera discreta y no pública se les puede dar la comunión. Pero habrá que tener por cierta esa actitud de que viven como hermano y hermana, hay que ser honestos. Se trata del Buen Dios, del Dios que sabe todo. Podemos engañar a los hombres, pero no al Buen Dios. Recibir la comunión es un acto en el cual se significa la unión con Dios y que estamos en paz con él. Así pues, hace falta confesarse antes de recibir la comunión. Pero cuántas gentes que viven en estado de divorcio y vueltos a casar, ¿cuántos de ellos viven como hermano y hermana? Hay algunos, pero ciertamente no es el gran número.

Y, así pues, comienzar a hacer leyes para este tipo de situaciones, queriendo establecer eso como si fuera una situación generalizada, es poner las cosas al revés. Es como si la ruta que es la correcta, no es aquélla donde los coches que conducen correctamente pueden ir, sino la ruta en donde hay más accidentes. No, se hacen leyes para que los coches conduzcan correctamente no para que se choquen. Aquí hacemos leyes para ocuparnos de los que se chocan, es invertir las cosas. Es hacer de lo particular lo universal. Hay una inversión y en el combate de ideas eso es gravísimo.

La discusiones con Roma, ¿Son útiles hoy en día?

RP Lorans: Usted nos decía al inicio que el combate de ideas es siempre el mismo, y usted ha declarado acerca de su encuentro con el Papa Francisco el año pasado que las entrevistas doctrinales siguen y que los obispos visitarán nuestros seminarios y tendrán discusiones como la libertad religiosa, el ecumenismo, la misa nueva. ¿Esas discusiones siguen verdaderamente? Y a la luz de todo lo que acaba de decir… ¿Piensa que esas discusiones sirven de algo?

Monseñor Fellay: Primera pregunta, ¿eso continúa? La respuesta es sí, eso continúa. Hay una pausa pero que está dentro del orden de las cosas, así pues, vamos a retomarlas, vamos a continua restas discusiones. Lo que es muy interesante es que Roma y nosotros, lo queremos. Nosotros queremos esas discusiones. Quizá no por el mismo motivo, pero al final nos reencontramos de igual forma. ¿Por qué? Porque para nosotros es muy importante y lo hemos señalado desde el inicio diciendo que nosotros tenemos problemas con ciertas afirmaciones del Concilio, no personalmente, sino porque esas afirmaciones son opuestas a lo que la Iglesia había dicho con anterioridad, y de hecho a la misma práctica de la Iglesia. Es ése nuestro problema. Si de un lado insistimos en decir que la Iglesia es infalible, hay que atenernos a ese problema. Si ella es infalible, ¿por qué podría pues contradecirse? Entonces, hay problemas graves que no pueden ser resueltos simplemente en el nombre de la autoridad. No podemos contentarnos con decir que es la autoridad que habla, así pues: Amen. Roma locuta, causa finita. No, evidentemente, esta autoridad, nosotros la reconocemos, puede disfrutar de la infalibilidad que es un privilegio acordado por el Buen Dios, pero con una condición. Y la condición es que esta autoridad enseñante esté ligada a un depósito, a un conjunto de verdades confiadas a ella por el Buen Dios. Y esta autoridad tiene la misión de transmitirla. Conservar y transmitir. Conservar santamente y transmitir de forma fiel ese depósito. Así pues, hay absolutamente algo objetivo que sobrepasa y domina esta autoridad. Ella no puede de forma arbitraria decidir lo que le place o no en referente al depósito. ¡Eso no funciona! Es ése el gran problema que planteamos a Roma sobre el Concilio.

RP Lorans: En eso que nos acaba de decir, vemos su oposición frontal a Amoris Laetita que introduce el problema en lo que antes estaba claro. En este contexto, ¿es que tener discusiones doctrinales tienen cierta utilidad?

Monseñor Fellay: Yo respondo que sí, es útil. Quizá no de forma inmediata, pero en largo plazo, son las ideas, a pesar de todo, que conducen a los hombres. Un error tiene consecuencias trágicas en la vida de los hombres, sobre todo un error doctrinal. Por un error moral, vemos de forma más rápida la consecuencia. Si alguien niega la Trinidad, no vamos a ver de forma inmediata la consecuencia práctica, en qué campo prático habrá una falta moral que seguirá, pero va a llegar. Es impresionante ver como todo eso está unido. La fe, es como un suéter, hace falta que todos los hilos estén ahí. Uno jala un hilo y todo el tejido de deshilacha. No queda nada al final. Mantener en esa situacion de confusión que es la nuestra, estos grandes principios, de recordarlos simplemente es ya hacer una gran obra. No veremos el efecto inmediato, pero a largo plazo, eso va a afirmarse a imponerse. Pero eso implica que no dejemos de luchar.

Entonces, en ese sentido, el hecho de que Roma esté de acuerdo en discutir, para nosotros es capital. Ellos no están solamente de acuerdo en discutir, sino que dicen que hace falta. Y ahí hay una cosa nueva después de un año y medio, dos años. Es una posición que se afirma: Roma, en las discusiones no busca más imponernos esta línea moderna sobre los puntos del ecumenismo, de la libertad religiosa, de Nostra aetate y aún de la reforma litúrgica. Estos cuatro puntos que han sido para nosotros grandes puntos de batalla, desde el principio. Y ahora de golpe nos dicen: «Hace falta discutir sobre esos puntos». De una parte, reconocen que ha habido errores y abusos, excesos… no van hasta decir que es el texto conciliar el que es falso, pero reconocen que hay ciertas cosas que son falsas. Reconocen que hay ambiguedades que hay que eliminar. Y Roma nos dice de forma explícita: «Estas discusiones nos van a ayudar en algo». Es una especie de catalizador, para intentar purificar ese magma de pensamientos extraños, falsos, mezclados y confusos. Es un buen punto.

Pero hay otro elemento que me sorprende mucho, y al mismo tiempo me pone muy feliz y me gustaría ver - Espero que un día se manifestará - Sí, ver lo que voy a decir ahora es realmente no sólo la idea de una o dos personas, sino algo que se destaca por ser la línea de la Iglesia. Una breve frase resume esta novedad, una pequeña frase de Monseñor Pozzo que es nuestro interlocutor en Roma, el secretario de la comisión Ecclesia Dei, que nos dice que estas cuestiones como el ecumenismo, la libertad religiosa, incluso la reforma litúrgica y Nostra Aetate, no son "criterios de catolicidad." ¿Qué significan estos "criterios de catolicidad"? Esto significa que son los elementos a los cuales es absolutamente necesario adherirse para ser católico. En otras palabras, si estos puntos no son criterios de catolicidad: usted tiene el derecho de pensar y decir otra cosa, y eso no implica que usted no sea católicos. Y esto Monseñor Pozzo lo expresó públicamente. Es muy importante

Creo que durante un tiempo, a causa de nosotros, vamos a ser testigos de un debate. ¿Será público o no, tras bambalinas? Pero, de hecho, ya está ahí. Un debate con los super-progresistas, a los que el Papa Benedicto XVI acusó de querer hacer de Vaticano II un "súper dogma" y que realmente quieren obligar a la Iglesia que diga que estos puntos son absolutamente obligatorios. Esta es la Iglesia de hoy, de hecho, es su fundamento para la Iglesia de hoy. Y de repente dicen: "Bueno! No, no tenemos que adherir a estos puntos para ser católicos". Obviamente, es capital, es una gran pelea. Si nos fijamos en la batalla de las ideas, se toca aquí algo muy importante. Y entonces usted tiene voces que comienzan a manifestarse en todas partes que dicen que no se puede, que es inadmisible permitir que la Fraternidad siga con tales criterios. Ya veremos.

El problema no es la estructura canónica, sino la libertad real de “vivir la experiencia de la Tradición”.


Monseñor Athanasius Schneider

RP Lorans: Acerca de dejar a la Fraternidad pasar, hay una proposición canónica por parte de Roma, se habló de prelatura personal, y recientemente, Monseñor Schneider declaró que lo había invitado a aceptar esta proposición canónica con rapidez y sin esperar la perfección. ¿Recibió una invitación semejante? En ese caso, ¿un acuerdo doctrinal estaría en segundo plano? ¿Cuál es la posición exacta de la Fraternidad en este punto?

Monseñor Fellay: Monseñor Schneider me había escrito, pero ya data de un año tal vez. Así pues, no he recibido nada reciente de su parte y en dado caso, no lo he recibido. Pero el problema no reside en la estructura canónica. Esta estructura pienso que está bastante bien establecida. Hay algunos puntos (hablando de detalle) a perfeccionar. La idea general es conveniente y corresponde a nuestras necesidades. De este lado, estoy satisfecho. Repito una vez más, hay puntos por mejorar, por discutir. El problema no está en la estructura que nos fue ofrecida. Si no existiera más que esta cuestión diríamos enseguida que sí. Ese no es el problema. El problema es el combate de ideas. Es que esta Iglesia que desde hace 40 años ha impuesto una línea, una línea moderna, una línea contra la cual luchamos, y por la cual hemos sido declarados cismáticos, fuera de la Iglesia y todo lo que quiera… ¿Es que esta Iglesia está sí o no dispuesta a dejarnos continuar nuestro camino? Era Monseñor Lefebvre quien hablaba de “dejarnos hacer la experiencia de la Tradición”. ¿Es que sí o no, nos dejarán continuar o nos esperarán que cambiemos y el día de mañana nos dirán que hay que alinearnos con la línea que combatimos desde hace 40 años y que no estamos listos a abandonar? Todo está ahí, verdaderamente todo está ahí.

Con estas nuevas aperturas donde se dice que no son criterios de catolicidad (cf. la otra parte de la entrevista) hay un camino que parece ser indicado. ¿Es únicamente una puerta o un verdadero camino? ¿Es un camino seguro? ¿Es que podremos continuar como lo hemos hecho hasta ahora? Y para nosotros es evidente que no es el fin del combate: el error sigue siendo el error. Nosotros permanecemos pues, hoy como ayer, persuadidos por completo que hay errores que han sido extendidos en la Iglesia y la están matando. Evidentemente comprendemos que un tiempo es necesario para purificar para reparar esos errores. Nosotros lo comprendemos. No se cambia a los hombres así. Muchos malos hábitos ya han sido adoptados. Por ejemplo, para traer de vuelta a una liturgia santa, la Santa Liturgia, entendemos que no se hará en una semana.

Pero, ¿existe la voluntad de salir de esta línea impuesta en el Concilio? Y es ahí cuando vemos que las voces autorizadas, las voces que dirigen nos dicen: “No, nosotros continuamos”. Y nosotros ¿nos quedamos fuera de la ley? ¿Fuera de la ley y tolerados? Podemos decir de una forma completamente sorprendente que con el Papa Francisco somos más que tolerados. Pero aun así estamos al margen. Entonces ¿nos quedamos ahí, vamos más lejos o mañana se nos quiere absorber en el gran movimiento que mata a la Iglesia? Es toda la cuestión. Y mientras no esté suficientemente clara y ajustada, no podemos avanzar.

«Somos muchos obispos que pensamos como ustedes»

RP Lorans: Al inicio de la entrevista nos ha dicho que las cosas habían cambiado un poco, imperceptiblemente. Entre estos cambios, podemos mencionar la actitud del cardenal Burke, la de MonseñorSchneider o obispos polacos que luchan contra una interpretación laxa de Amoris Lætitia. Pero tiene usted personalmente contactos con obispos que dicen:“¿A pesar de que esten “fuera de la ley”, “marginalizados”, ustedes hacen un trabajo importante para nosotros, porque nosotros tampoco queremos contribuir al suicidio de la Iglesia”? ¿Estas observaciones son un sueño o una realidad?

Monseñor Fellay: Tenemos contactos, sí, tenemos. E incluso estos contactos se incrementan. Obviamente no son muchos. Sin embargo, tenemos. Y eso es algo que es muy importante en esta lucha, pero tal vez en casa, en la tradición, no tenemos suficiente percepción de esta situación, porque es discreta. La gente sigue viendo que las cosas están mal, y eso es todo. Ellos tienen una gran dificultad para percibir otra cosa que es muy real y que, para mí, dice más cada día: que – hay un cierto número – que tienen un deseo de renovación, un deseo de volver a la tradición, precisamente. Por lo que existe un número de clérigos que se oponen, no de forma tan pública como nosotros, pero con la misma fuerza que nosotros en el pensamiento, que se oponen a las novedades. Eso existe.

Recientemente, me encontré con un obispo que por sí mismo, porque no celebró la misa antigua – la descubrió gracias al motu proprio del Papa Benedicto XVI, se interesó, y lo estudió- y que por sí mismo, dijo que, con la nueva misa, se había tocado "la sustancia del rito." Así que por sí mismo, llegó a esta conclusión, que es nuestra mayor queja contra la nueva misa. ¡Y bien! He aquí a un obispo que llega por sí mismo a esta conclusión, un obispo honesto simplemente. Obviamente, saca conclusiones, consecuencias para él y su diócesis. Y él no está solo. Aquí tengo una carta de otro obispo que dijo: "¡Quedense firmes! en todos estos puntos: la libertad religiosa, el ecumenismo, Nostra Aetate, las relaciones con otras religiones ... Cuando dicen Nostra Aetate no son solamente los judios, son los musulmanes, budistas, hindúes ... por lo que todas las religiones no cristianas. Es mucho más amplio. Y el obispo añadió: "Somos muchos en la jerarquía que pensamos como ustedes. "

Obviamente, no lo dicen públicamente porque se harían decapitar. Pero, sin embargo, piensan, ven la situación. Y, de hecho, estas personas cuentan con nosotros, cuentan con nosotros como… - es un término moderno, pero intentemos utilizarlo correctamente - como un testimonio. Para usar un término quizás más tradicional, como un faro, aunque no queremos destacarnos. Ellos esperan que simplemente representemos la luz que era la de la Iglesia. Esta luz se quedó aquí con nosotros, cuentan con nosotros. Ellos dicen: "Ustedes reciben los golpes, pero estamos con ustedes. Los apoyamos."

RP Lorans: Entre los obispos que le dicen, ‘No retroceda sobre el ecumenismo, en la liturgia, sobre la libertad religiosa ...’, ¿hay obispos franceses?

Monseñor Fellay: Hay, incluso si no son tan claros. ¡Pero hay! Es muy interesante ver esto. Es un fenómeno también universal. Hay en todos los países, más o menos evidentemente. Hay una cierta proporción – no muy grande – de obispos que ahora están revisando una serie de cosas. Incluso si todavía están en un sistema que los bloquea, que hace difícil una reacción debido ya que inmediatamente eso crea situaciones explosivas, difíciles de controlar. Hay muchos problemas en saber cómo reaccionar, cómo restaurar la situación. Es obvio que en algún momento eso tiene que venir de la cabeza. Pero mientras la cabeza no hable, cualquier reacción será una fuente de conflicto. Nosotros, lo conocemos desde hace 50 años, pero en algún momento el Buen Dios hará que la máxima autoridad tome la delantera en este movimiento. Y hasta entonces hay que resistir. Por supuesto, es una cuestión de prudencia, de modo que nuestra posición lleva la mayoría de los frutos. Y no significa necesariamente hacer mucho ruido. También se debe entender, y esto es muy importante.

Apresurar el triunfo del Inmaculado Corazón a través de nuestras oraciones y penitencias.

RP Lorans: Usted dice que hay que mantenerse firmes, ahora bien, pidió que los sacerdotes y los fieles sean más devotos de la Virgen, en el año 2017. Con motivo del centenario de las apariciones de Fátima, se puso en marcha una Cruzada del Rosario. ¿Esta solicitud de intensificación de la oración es parte de la batalla cuyas grandes líneas ha dado en esta entrevista?

Monseñor Fellay: Es sin duda parte de esa gran batalla. E incluyendo un dato que nunca hay que olvidar, es que la Iglesia no es humana. Tiene una parte humana, ya que se compone de hombres, pero esencialmente, en su esencia, en su naturaleza, es sobrenatural. Ella tiene elementos e incluso elementos fundamentales que sobrepasan a los hombres, a las capacidades de los hombres, a las reflexiones y medios de los hombres. Por el bien de la Iglesia y la nuestra, como miembros de la Iglesia, si queremos el bien de la Iglesia, hay que recurrir necesariamente a estos medios sobrenaturales. Esta es la única manera de estar en esta lucha correctamente. Y esta lucha requiere primero acudir a Dios mismo y a sus santos. Para mí, la Virgen María ha demostrado mucho que esta época es suya por voluntad explícita de Dios. Es necesario recurrir a Ella, escucharla y poner en práctica lo que pide. Ahora dice: "La oración y la penitencia, rezar el rosario todos los días." Esto es más relevante que nunca. En mi opinión, lo que vemos hoy es Fátima en pleno. Hay cosas que no nos han dicho, pero al final vamos a ver el triunfo de María. Dios sabe cómo. El triunfo del Inmaculado Corazón de María, por un acto papal, un acto de autoridad. Uno se pregunta cómo va a suceder, pero ese no es nuestro problema. ¡A nosotros nos toca pedir ese triunfo, nos toca implorar a Dios, ese sí, ese es nuestro negocio!

Para mantener esta entrevista su propio carácter, el estilo oral se ha mantenido. El título, encabezamientos y pasajes subrayados son de la redacción de Dici.

(Fuente: Radio Courtoisie – Transcripción DICI del 04/02/17)